Sí, soy gorda!

Un día desperté y no era más talla 4, seguía comiendo lo mismo (SANO) quizás ya no corría pero seguía entrenando en el gimnasio.

Un poco de historia…

Nunca fui la niña talla 0 en el colegio, ni esas que pesan menos de 100 lbs, sin embargo vivía obsesionada con mi peso al punto que un compañero de aula en mi último año me llamaba OBESA (bullying como le dicen hoy).

Mi mamá constantemente me tenía a dieta, era una hazaña familiar que hiciera aerobicos a los 5 años que todos aplaudían aunque debo confesar siempre soñé hacer actividades físicas pero “las niñas no sudan (transpiran)”.

Así fui creciendo sin una guía de alimentación, pues en los 80 eso no existía, pero si con el objetivo claro de ser flaca, aunque mis caderas parecieran de mujer con tan solo 14 años (y aclarando para el morbo, era señorita).

Así pase toda una adolescencia subiendo y bajando de peso. Bajando hasta 4 kilos por semana o menos solo comiendo galletas y gaseosas. Regalándome así a los 15 años una vesícula lenta.

A los 19 me voy de mi casa (vivía solo con mi mamá) y me mudo con mi hermana pues no solo aguantaba los maltratos sino tampoco las dietas… pues debía ser flaca.

La “ventaja” que tenía es que no tenía barriga así que no estaba “tannn” gorda, a los 21 empecé a vivir sola y no sabía cocinar entonces el menú eran salchichas, tostones, pan, cerveza, ron y mi comida favorita HAMBURGUESAS.

A los 27 me mudo a la meca culinaria, MÉXICO, entre tacos, margaritas, sopa de tortillas, correr e ir al gym porque aunque nadie lo creyera amaba entrenar.

Sin embargo a los 29 llegó una gran ALARMA de mi cuerpo, “hígado graso” tras 8 horas de vuelo de Chile a México ya no tenía más nada que vomitar y luego de 3 días sin comer regreso a mi Panamá al médico.

Aquí entendí que el exceso de grasa, gaseosas, comida procesada podía ser mortal.

Fui Flaca!

Los 30 me recibieron en buena forma externa e interna, aprendiendo a comer y disfrutando correr.

Aprendí incluso hacer papas fritas sin grasa, a entender que los tacos, las hamburguesas y los tostones no son comida diaria.

Por cosas del destino me casé con un entrenador personal /fisicoculturista enamorandome así más de entrenar y aprendiendo otras técnicas que incluso estudié.

Me acusaron de VIGOREXIA ese mismo grupo que un día en el colegio me llamo OBESA. Muchas personas se alejaron de mi, quizás envidia, quizás si estaba obsesionada o apasionada como lo soy con todo.

Era talla 4 pero para mi no era suficiente, pues nunca me atreví a tomarme una sesión de fotos porque hacía falta “bajar más” por primera vez empecé a obsesionarme por las celulitis, por los rollos de la espalda e incluso pensé que los gordos no se aman.

 

El pase de factura

Un día desperté y no era más talla S, quizás era porque no entrenaba tanto porque mi hijo iba creciendo y el tiempo libre era menos; quizás los quemadores de grasa estaban vencidos o había comido mucho en mis últimas vacaciones.

Ya la crueldad de la sociedad volvía a manifestarse preguntando donde estaban los cuadros de mi abdomen, hasta que un endocrinólogo tenía la respuesta… TIROIDES

Había superado el hígado, dominado la vesícula, la gastritis era historia pasada… en serio??? tenía TIROIDES?

Pues sí! y en menos de 2 años pasé de talla 4 a talla 10, a llorar cada vez que salía a alguna fiesta con mi esposo porque NADA ME QUEDABA.

Lo único divertido era ir de compras, lo malo era que no conocía (y creo que aún no conozco) mi cuerpo.

 

Y ahora qué?

Bueno estoy en ese proceso de aceptarme, de conocerme, en saber que me gusta, cómo me siento cómoda y que se me ve bien para mis ojos y no para los ojos de la sociedad.

Hoy día 37 años, talla 10 con 72 kilos – Nov. 2017

Estoy aprendiendo a no excusarme “Sí!,  subí de peso, es que tengo tiroides”.

Debo confesar que no es un camino fácil, menos porque Facebook me lo recuerda todos los días, pero mi gran apoyo ha sido mi esposo quién me ha demostrado amor y paciencia en esta y en todas mis etapas, llegando a creer que le gusto más así que antes.

Sigo entrenando, sigo comiendo sano, me tomo mis medicamentos y de paso sigo aceptándome.

Y sí!, soy gorda, y no es nada malo…

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *