Una vida cotidiana, fotos con glamour

El viernes pasado me dedique a limpiar mi casa, sí limpio mi casa no tengo nana, cachifa, juventina, colaboradora doméstica o como la quieran llamar y mientras lo hacía bailaba pero quería mostrar a mis seguidores que incluso haciendo tareas cotidianas la puedes pasar chillin; sin embargo después de 975 selfies no subí ninguno, pues no encontraba ninguna foto “linda” con una escoba, con ropa descombinada, sudando (transpirando)… eso no tenía nada de glamour.

Será que tenía que llamar a mi fotógrafo Gerardo Pesantez para ir a su estudio con la pared blanca sin fin y posar para poder subir la foto al mejor estilo de Desperate Housewives

Y es que a todos nos pasa en algún momento, somos picados por el gusano de la vanidad y poseídos por el espíritu Kardashiam de tener fotos con más nalga, menos barriga, menos papada, más luz y sobretodo en lugares bellos.

Estrategias comerciales y/o personales es lo que abundan en las redes, paleta de colores, coordinación de contenido y forma pero seamos realista también esto se ha convertido en nuestra ventana de ventas, algo así como nuestro propio canal de televisión; en donde cada quién “vende” lo que desea desde positivismo (como en mi caso) hasta lo que no te imaginas… la forma es lo que varía de quién venda pero lo que no cambia es que el sexo sigue siendo morbo y mecanismo de venta como calendario de cervezas con chicas en bikini como en los 90; la diferencia es que nadie usa a nadie, hoy día uno mismo se usa… “solito” y claro la presión mental de una autoestima determinada no por lo que sientes y quieres de manera buena para tu vida sino por el número de seguidores y un falso sentir de bienestar y halagos sin fundamentos.

Mi foto perfecta, no existe pues los mejores momentos no se captan con el celular y quizás si lo planifico no tenga nada “acorde” a los estándares sociales, tengo una casa normal, luchando todos los días en una familia en donde papá y mamá somos emprendedores, no hay nana y mi hijo está de vacaciones hablando más que yo por todos lados, lavo ropa, cocino y hasta plancho soy tan normal como el pan.

Y es que al final somos más de lo que pensamos en Facebook, más de lo que mostramos en Instagram,  sentimos más que los filtros de snapchat y sabemos más de lo que publicamos en Twitter. Pero más allá de eso debemos entender que hasta las Kardashiam se les cae el esmalte de uñas, que Beyoncé en algún momento no se sintió tan regia durante su embarazo y que ese mochilero genial que sigues en redes sociales también le toca ir a lavar su ropa a un lavamático.

Las redes sociales son solo los álbumes familiares modernos, con aquellas fotos que se revelaban en cuartos oscuros, y que simplemente ahora nos cuidamos un poco más porque quizás tu futuro novio(a) vea esa clásica foto de bebé con las nachas al aire antes que tu mamá se las enseñe.

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